Constantini no es un héroe en busca de redención ni un vengador, sino un policía retirado vaciado de esperanza tras el asesinato de su mujer y su pequeño hijo.
Un asesino serial que opera en la zona Norte del conurbano, conocido como el Correcaminos, abandona los cuerpos de las mujeres que mata envueltos en enormes bolsas de consorcio a lo largo de la autopista Panamericana. La búsqueda de este escurridizo criminal arrastra a Constantini en una persecución obsesiva, una ruta a la autodestrucción.
En su investigación extraoficial, descubrirá que el mapa de los asesinatos no es lineal. Tirar del hilo de estos femicidios le permitirá destapar un entramado de prostitución y narcotráfico, oscuras sectas místicas lideradas por falsos profetas, y hasta una violenta guerra de guerrillas agroecológicas que lo lleva hasta el corazón del cordón cerealero.
Cereal Killer se desarrolla en el mismo universo narrativo que el policial isleño Imaginen un río. Aunque comparte personajes y prolonga su atmósfera cínica, funciona y se lee de forma independiente.

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